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Viviendo el Budismo

Maria Bethania Acosta de Nishio

Saturday, 15 November 2014

Vice Responsable Damas Territorio Oesta

Maria Bethania Acosta de Nishio

"Hijas del Daimoku"

Conocí el budismo de NichirenDaishonin en 1997, a través de mi novio, que hoy en día es mi esposo. Cuando nos conocimos inmediatamente hubo química entre los dos, pero nunca se me ocurrió preguntarle qué re­ligión profesaba, hasta que un día, ya de novios, le pregun­té, y con una gran sonrisa me dice: "Soy budista". Yo, sien­do una católica dedicada a la Iglesia y a sus actividades, pensé, "ya sabía que algo malo debía de tener. Demasiado lindo para ser verdad. Eso tiene que ser cosa del diablo, consigo un novio y entonces es budista". Pero como veía que era un buen muchacho, y además me gustaba, traté de observarlo mejor y conocer un poco de su religión. Respeté su creencia ya que pensaba que esto no me afectaría, hasta que me pidió matrimonio. Ahí empezaron los problemas, porque yo soñaba con casarme por la Igle­sia, pero él y su familia trataban de que la ceremonia fuera budista. 

El párroco de la Iglesia a la que pertenecía nos citó, yo se lo comuniqué a mi novio, pero con la seguridad de que él jamás entraría a la iglesia y mucho menos para hablar con el padre. Llegó el día de la cita y qué grande fue mi sorpresa, porque detrás de mí venía mi novio. Ese día el padre nos habló de que se podía celebrar una ceremonia mixta, ya que el las había realizado antes, y asi estábamos complacidos los dos, pero mi futuro espo­so ni lo pensó y dijo que no enérgicamente. Pero el padre también nos habló de que existen documentos dentro de la Iglesia en los cuales yo me comprometía a ser la respon­sable de la educación religiosa de los hijos que tuviéramos. Esto no me gustó, porque aun con mi creencia pensaba que él debía tener derecho de hablarle de su fe a nuestros hijos.

En una segunda cita a solas con el padre, me dijo que no me casara con él, porque siempre los hombres arras­tran a sus esposas a su creencia. Cuando salí me dije: "Va­mos a ver si es verdad que él me va a arrastrar, y lo siento por el padre, pero yo sí me voy a casar". Me casé y así entré a un mundo nuevo para mí. Todo iba bien, hasta que un día comenzó a molestarme cuando mi esposo entonaba daimoku (Nam-myoho-rengue-kyo), sus responsabilidades en la organización, sus servicios de Gajokai, los miembros, todo lo que tenia que ver con la SGl-RD me molestaba. Yo estaba viviendo en un estado de infierno, fui grosera y mal educada con los miembros que se me acercaban, y mucho más con los que me invitaban a reuniones, yo les decía: "No gracias, yo soy católica", y cuando entraba al kaikan y veía a las personas tan felices, en mi interior me enojaba y me preguntaba: "¿Es que aquí nadie tiene problemas que siempre se están sonriendo?".

También agarraba las revistas mensuales (Tribuna Do­minicana) y las leía completas, para luego criticarlas y dar mis puntos de vista. Durante este tiempo mi suegra tuvo mucha paciencia conmigo, ella me escuchaba y luego me decía que muchas veces las traducciones no transmitían todo el sentimiento, pero igual, ya había leído la Tribuna del mes...que tonta yo. Un día mi abuelita me habló y me dijo: "Betty, tienes que respetar la religión de Eiji, y apoyarlo en todo", le pre­gunté, ¿Por qué usted me dice eso? Y me dijo "Porque eres mi nieta y yo te conozco", y le respondí: "Entonces porque soy su nieta usted debería apoyarme a mi, no a él", y ahí me dijo: "Lo justo es lo justo, él es muy buen mucha­cho, no siempre aparecen esas oportunidades".

Luego se presentó el mayor obstáculo, el que nos afectaba a los dos. Salí embarazada con ayuda de pastillas, eso nos dio mucha felicidad, pero al tercer mes comencé a manchar. Fue algo terrible, me ingresaron y cuando los médicos me controlaron el sangrado regresé a mi casa. Allí pasé unas cuantas semanas en reposo, pero nuevamente comienza el sangrado, me hago la sonografía y eso fue otro infierno porque el médico no me supo decir si estaba todavía o no embarazada. Muy angustiados ya, otra sonografía deter­minó que yo había sufrido un aborto espontáneo, sin ras­tros en mi útero, es decir que ni me tuvieron que hacer un legrado.

Tiempo después vuelvo a salir embarazada, a princi­pios del cuarto mes, otra vez tuve amenaza de aborto, pero con una complicación más porque me daban unos dolores fuertísimos que me producían mareos. Nuevamente me indican reposo, pero esta vez estuve en la casa de mis suegros. La madre de mi esposo me motivó a cantar dai­moku y aprender el gongyo, ya que ella había pasado por esa experiencia. Empecé a entonar Nam-myojo-rengue-kyo sin convicción, pero por lo menos di el primer paso. A las semanas siguientes me ingresan a la Clínica, y en una sonografía se diagnosticó un embarazo ectópico. Pensé en ese momento: "¿Cómo es posible que comienzo a orar y entonces me va peor?". En ese momento entré a la sala de cirugía cantando daimoku, muy animada. Ya en plena operación entendí que mi vida había corrido peligro, los médicos no se explicaban cómo yo pude aguantar tanto, hasta la presión arterial me había bajado mucho. Ya al final, mi médico se me acerca y me dice:"Betty, el embrión se alojó en tu trompa izquierda, por eso no pudimos salvar­la". Volví a caer en estado de infierno. Ya en convalecencia esta vez en casa de mis padres, no comía nada y lloraba todas las noches cuando llegaba mi esposo, él siempre tan tranquilo y yo volviéndome loca. Un día recibí la visita de un grupo de jóvenes Gakkai, yo no quería ver a nadie pero mi madre me levantó de la cama y me hizo recibirlos. Me animaron mucho, me hablaron del efecto manguera, de cómo al empezar a cantar daimoku comienza a salir ese mal karma y a limpiarse luego. Esto me animó a buscar un libro que había empezado a leer sobre el significado del gongyo, empecé a leerlo y así fue desapareciendo mi falta de fe y esperanza.

Decidí cambiar de médico y fuimos a un especialista en infertilidad. De entrada me sometió a muchos exámenes y estudios, inclusive a mí esposo; uno de ellos determinó que yo no ovulaba de forma adecuada. Así que me some­tieron a un tratamiento de hormonas, pero en el proceso me detectaron un pequeño pólipo en el útero, esto había que sacarlo y nuevamente cirugía. Continúo el tratamiento, pero nada de resultados, y un día el doctor nos dice que yo era candidata para inseminación artificial. Le dije que sí, pero cuando salí del consultorio, me le paré delante a mi esposo y le dije: "Ya estoy harta de estudios, de médicos, de clínicas. No me voy a inseminar. Ni una pastilla más, ni tratamientos... Voy a tener mis hijos cuando sea, pero los voy a tener, y además en mi casa hay un Gohonzon, no es así." Él me apoyó. Llegando a mí casa, quité las metas que tenía en el butsudan en esos momentos y escribí los nombres de to­das las mujeres que pasaban por lo mismo, menos el mío, por eso serían mis oraciones.

Unos meses después, comencé a sentirme muy mal y cuando ya no aguantaba más le digo a mi esposo que me lleve a un doctor ya que me creía con una extraña enferme­dad rara. Él me insinúa que quizás son malestares de un embarazo, y le repliqué "¡Embarazada yo, pero cómo, sin tomar nada!". Fuimos al ginecólogo y los resultados con­cluyeron que tenía un embarazo de casi tres meses. Aquí empezó nuestra determinación por un embarazo normal, un parto normal y un bebé normal. A los seis meses des­pués, nació una niña muy saludable a la que nombramos Emily, con tanta energía que a veces bromeo que nació pasada de daimoku. A los casi dos años de nacer Emily, otra vez quedé embarazada. Es el cuarto embarazo, ya más relajada hago vida normal, pero un día al llegar a casa estaba, otra vez, manchando. Fuimos al médico y la sonografía muestra un feto sin latidos, no bien desarrollado para su tiempo, de as­pecto deforme. En cuestión de horas me sometieron a un legrado. Recibí el apoyo de muchos miembros, en especial de las señoras. Siempre les estaré agradecida.

Pocos meses después salí embarazada otra vez. Con apenas tres meses la bebé estaba completa y formadita. Para la fecha esperada nació otra niña saludable, Isabe­lla. Llegó con daimoku justo. Por fin nuestra meta estaba realizada. Siempre me preguntaba por qué me pasaban esas cosas, y entendí que esa era la motivación para que prac­ticara esta maravillosa filosofía de vida. La mujer que soy hoy nada tiene que ver con la de antes, ya que todos esos problemas me llevaron a crecer de la forma idónea, crecer hacia adentro para luego tener algo que enseñar, algo que dar, en especial a mis hijas.

Durante todo este proceso, he vivido innumerables experiencias. En la parte de la salud he podido mejorar bastante mis alergias, así como los ataques de migraña. También puedo referirme a cómo he superado mi mal ca­rácter. Algo muy importante es que logré el respeto de mi familia hacia mi práctica budista. Pero también he aprendi­do a sentirme muy orgullosa de pertenecer a esta organi­zación, y a respetar a sus miembros; aquí me siento como en mi casa. El proceso de aprender a creer de forma diferente fue bastante difícil. Pasé de la resignación que tenía arraigada de toda la vida a creer en mi potencial interior, y eso me llevó a tomar la determinación de que mi vida giraría en torno a las actividades gakkai, así como también a que mis hijas sean personas que luchen por el kosen-rufu, y cada actividad que ellas realizan sea con ese fin. Agradezco a mi familia, así como también a mi fami­lia política por su apoyo, ya que cada uno de ellos aportó su granito de arena para que yo practicara. A mi esposo, porque lo único que le ha faltado es parir y lactar, siempre ha estado conmigo. De forma muy especial agradezco a mis amigos de la SGI-RD por sus experiencias y su apoyo incondicional.

La orientación de Sensei que  siempre guardo en mi corazón, que me mantuvo firme en la  fe es la siguiente:

“La ‘intención’ de Nichiren Daishonin es permitir que todas las personas lleguen a ser budas. Por ende, es imposible que los que abrazan la fe en el Budismo del Daishonin durante toda su vida no concreten esta felicidad genuina."

Sin embargo, en el transcurso de nuestra práctica, suelen suceder diversos hechos debidos a las causas y tendencias negativas que hay en nuestra vida. Habrá ocasiones en que quizá pensemos ‘¿Qué habré hecho yo para merecer esto?’. Pero no demos dejarnos influir por los reveses de la vida frente a cada cosa que se manifieste; lo que, sí, es seguro es que lograremos ser personas profundamente felices, tarde o temprano. Debemos considerar todo lo que pase como parte de nuestra práctica y como un entrenamiento para llegar al punto de destino que es la verdadera felicidad. Si lo hacemos, luego podremos darnos cuenta de que en cada uno de esos fenómenos había un ‘significado’ y una profunda ‘intención'.

Muchas Gracias!

Tribuna Dominicana

  • Publicación agosto 2017
    Editorial del Presidente de la SGI, Daisaku Ikeda: Una invencible convergencia dedicada al bien mayor.
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