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Viviendo el Budismo

Dorybell Suero

Tuesday, 08 July 2014

Miembro División de Damas, SGI-RD

Dorybell Suero

"La vida es infinitamente valiosa"

Soy miembro de la SGI-RD desde septiembre de 1990 cuando mi madre recibió Gohonzon. Para ese entonces yo tenía 12 años. Desde ese día, todo lo vivido ha sido de experiencia en experiencia, buenas y otras no tan buenas. Pero lo más importante es haber tenido la llave de la solución en mis manos: Nam-myoho-renge-kyo.

He obtenido muchos beneficios con la práctica del budismo de Nichiren, como sobrepasar el divorcio de mis padres cuando era adolescente, superar la crisis financiera que sufría mi familia durante ese tiempo y la cual forzó a mi madre a emigrar a otro país en busca de una mejor vida para nosotros; graduarme de bachillerato y luego en la universidad de Licenciatura en Derecho con buenas calificaciones. Conseguir un buen empleo. Participar en los entrenamientos culturales de Panamá, México y para mí, el más importante, ir a Japón y encontrarme con mi maestro de vida, el presidente Ikeda.

Todo esto fue gracias al daimoku que entonaba, a las reuniones que participaba desde joven y el poder siempre asistir a las prácticas de la banda de música (kotekitai), lo cual agradezco tanto, ya que se realiza un arduo trabajo para forjar líderes y donde pude fortalecer mi fe. También agradezco el empeño que ponía mi madre desde que éramos pequeñas para que mi hermana y yo asistiéramos a las reuniones de gongyo de kosen-rufu, las reuniones de diálogo y a los grupos culturales.

Cualquiera pensaría que todo ha sido fácil en la trayectoria, pero no ha sido así. En 2004 y 2005 mi vida cambió totalmente. Luego de tener una relación de noviazgo con muchas altas y bajas durante siete años, salí embarazada. Fue una relación que se mantenía inestable: un día bien, otro mal. Todo el mundo veía que no era una buena pareja para mí, era un muchacho mujeriego, no me daba el valor que me merecía, hablaba muchas mentiras y vivía en un mundo ficticio, aparentando ser lo que no era y dándose lujos que no podía; pero de él me enamoré.

Las madres quieren lo mejor para sus hijas. Me imagino que muchas de ustedes se han encontrado en una situación similar, donde a todas sus amigas no les gusta el muchacho con quien anda o que por el ojo clínico de nuestras madres nos aconsejan que no perdamos el tiempo con alguien que no tiene futuro... Esa era mi situación.

Hacía de la vista gorda a todo lo que me decían y seguía tan enamorada de este muchacho. Al salir embarazada me vi sola, pues mi novio no quería el bebé, porque se sentía aun inmaduro y no preparado para asumir esa responsabilidad. Imagínense

Me llené de valentía y decidí seguir con mi embarazo el cual tenía alto riesgo de aborto, pero cantaba muchas horas de daimoku por ese pequeñito embrión que crecía dentro de mí para que se fortaleciera y saliera a camino. Vinieron a mi mente las orientaciones del presidente Ikeda sobre el valor de la vida humana.

02Enfrenté sola mi situación: le informé a mis padres, a mis compañeros de trabajo, amistades y demás. Todos me apoyaron con sus oraciones y orientaciones. Todo marchaba bien hasta los seis meses del embarazo cuando detectaron que el bebé venía con una malformación en su cabecita... Se me partió el corazón, se me vino el mundo encima, me quería morir, me sentía sola, sin una pareja que me apoyara. Pero tenía el apoyo de mi madre que aunque estaba lejos, oraba por mí y se mantenía al tanto de las pruebas, de los análisis y de todos los pormenores del embarazo, al igual que mis familiares, mis amistades y los miembros Gakkai.

Me realizaron algunos estudios entre ellos la amniocentesis que es una prueba donde toman muestra del líquido amniótico que rodea el feto para examinarlo, esto para descartar o confirmar la presencia de ciertos defectos o trastornos congénitos. En los resultados no especificaba ningún síndrome, sus cromosomas estaban bien. Fui a varios doctores buscando otras opiniones sobre mi caso. Unos decían que no podían decir con certeza la magnitud del problema hasta que naciera el bebé, otros me decían de una manera sutil que lo mejor era interrumpir el embarazo.

Mi decisión fue seguir luchando por mi bebé hasta el final

Al pasar el tiempo me preguntaba: ¿Por qué a mí? ¿Por qué a mí, si yo no le había hecho daño a nadie? ¿Por qué a mí, que llevaba una firme y asidua práctica budista, que entonaba daimoku y participaba en las reuniones? Me comparaba con mis amigas que no practicaban y que llevaban una vida aparentemente feliz, con hijos sanos y esposos buenos.

Pero ahí entendí, gracias a las orientaciones que me brindaban las encargadas de la División de Damas, que era una situación que cualquier persona quizás no tendría el valor de enfrentar; ese bebé necesitaba estar en mi vientre por mi valentía, porque yo le daría la oportunidad de nacer y limpiar su karma, y porque la vida es, de por sí, infinitamente valiosa.

Tal como dice el Daishonin, hasta un solo día de vida vale más que una incalculable cantidad de piezas de oro o que todos los tesoros de un gran sistema planetario. Una sola jornada de vida tiene un valor imposible de calcular".

El 8 de junio nace Yael Andrés con una craneocinostocis, es decir, una malformación en su cabecíta. Un bebé súper especial que con tan solo días de nacido pasó por un sinnúmero de estudios y análisis para saber la razón de su malformación. El neurocirujano sugería operarle ya que por el defecto en los huesos de su cráneo no había espacio para el crecimiento de su cerebro, era como que su cerebrito estuviera encerrado en una cajita.

Mientras, yo disfrutaba de mi bebé, le daba todo el cariño de una madre e invocaba daimoku por su salud, lo veía como un bebé normal que me entendía cuando le hablaba, se sonreía y me balbuceaba. Con el transcurso del tiempo comenzaron a darle ataques de deficiencia respiratoria, me volví su enfermera en casa, lo oxigenaba y le daba masajitos en su corazón.

Cuando cumplió tres meses y medio lo intervinieron quirúrgicamente, para que su cerebro tuviera espacio para crecer. Al cuarto día después la cirugía, el domingo 2 de octubre, falleció tranquilamente. En ese momento tan difícil recibí un inmenso apoyo de los miembros y de mis amigas que oraban por mí y por Yael.

Comprendí la razón de su existencia, que era traer alegría a mi vida, hacerme una mejor persona, más paciente, más tolerante, más fuerte... A partir de ese momento vi la vida desde otro punto de vista y tengo la convicción de que mi niño querido pudo cambiar su karma, y cuánto le debo a él porque me ayudó a cambiar el mío también.

03Su vida para mí y para todos lo que vivieron conmigo esos momentos, fue un ejemplo de lucha y de perseverancia.

En enero del año siguiente me reencontré con un viejo amigo, entre él y yo fluyeron sentimientos escondidos que nos llevó a formalizar una relación. Hoy tenemos el fruto de nuestro amor que es lan Jared. Un niño fuerte y sano, motivo de regocijo. Mi esposo me apoya en las reuniones y respeta mi práctica budista, es una persona con grandes valores y sabe el verdadero significado de lo que es una familia.

Cada día agradezco al Gohonzon estos hermosos tesoros que han llegado a mi vida. Soy un vivo ejemplo del gosho que dice: "El invierno siempre se convierte en primavera". Tal como explica Sensei: "La fe en el Sutra del loto significa abrirnos paso con bravura a través del invierno de la adversidad. Cuando enfrentamos la ardua tarea de transformar nuestro karma, podemos celebrar la llegada de la primavera, y construir un cimiento de buena fortuna y de felicidad en nuestra vida. Por lo tanto, no esquivemos la crudeza invernal. Si tenemos el valor de enfrentar los desafíos del frío, podremos avanzar ilimitadamente hacía la espléndida primavera que es el logro de la Budeidad y del kosen-rufu."

He comprendido que no existe una vida libre de problemas y son precisamente esos problemas los que nos ayudan a crecer. Mi determinación es nunca dudar de la veracidad de esta práctica y seguir luchando por la felicidad de mi familia y la de los demás, aplicando la frase que dice: "Haga surgir una profunda fe y lustre su espejo día y noche, con ahínco y esmero. ¿De qué manera lustrarlo? Tan sólo entonando Nam-myoho-rengue-kyo."

Tribuna Dominicana

  • Publicación agosto 2017
    Editorial del Presidente de la SGI, Daisaku Ikeda: Una invencible convergencia dedicada al bien mayor.
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