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Viviendo el Budismo

María Angelita Hoshikawa

Saturday, 15 November 2014

Miembro pionera de la SGIRD

María Angelita Hoshikawa

He podido construir una base sólida en mi vida

 

Soy la quinta de siete hermanos y mis padres son inmigrantes japoneses. Nací en República Dominicana. En 1966 llegaron a mi país dos miembros de la Soka Gakkai, la Srta. Kashiwabara y el Sr. Yamada, mientras el presidente Ikeda visitaba Brasil. En esa ocasión mis padres ingresaron la SGI. Estudié en un colegio católico y sólo conocía esa religión, por lo que no pude aceptar el budismo a pesar de estar presente en la instalación del Gohonzon en mi hogar. Vivíamos en un pueblo en el interior del país.

En 1970, en busca de mejoría económica, nos trasladamos a 20km de distancia de la capital, Santo Domingo, donde sólo había fincas de ganados y una pequeña comunidad a 2km de distancia. Allí mis padres abrieron una pequeña cafetería. Así logré terminar mis estudios primarios. Continuar con mis estudios secundarios era un sueño por la distancia del lugar y la situación económica crítica de mis padres. Entonces, decidí comenzar la práctica de la fe. Formé parte de la banda de música Kotekitai, recién establecida en la capital, por lo que todos los sábados viajaba hasta allá para poder participar en las prácticas de Kotekitai. Esto fue un gran reto y una gran victoria. Así me fui formando en el estudio budista y en la práctica de la fe. Pude terminar mis estudios de la secundaria inferior, pero continuar era otro reto. Esta vez no sólo era la falta de dinero, sino también mis dos hermanas menores que también debían de estudiar. Como consecuencia, al año siguiente no pude ir a la escuela. Entonces, comencé a entonar intensamente el daimoku (Nam-Myoho-Rengue-Kyo). Localicé una escuela Secundaria Pública Nocturna (de 3:00pm a 8:00pm) en la que no necesitaba pagar dinero y me permitía trabajar en la cafetería. Me graduaría como Técnico Contador en tres años (La secundaria superior en mi país es de 4 años). Así recuperé el año perdido y pude estar preparada para trabajar.

Gracias a las orientaciones de Ikeda Sensei, a la comunicación y orientación cercana de mis líderes, nunca descuidé mi práctica ni las actividades de Gakkai. Fui creciendo espiritualmente. Al terminar la secundaria recibí otro beneficio. No tuve que salir a solicitar trabajo, éste vino a mí. Comencé a trabajar en mi área de contable en una empresa de prestigio en Santo Domingo, permitiéndome solventar mis estudios universitarios. A través de sobrepasar las dificultades seguí creciendo interiormente y aprendí que las actividades son lo más importante para seguir superándome.

A finales de 1979 dos huracanes devastaron República Dominicana. La cafetería (sustento de la familia) quedó destruida. Mi padre decidió emigrar al Paraguay con toda la familia en contra de nuestro deseo. Allí vivía mi hermano mayor. Debido a esto mis estudios nuevamente se vieron interrumpidos. Yo cursaba el segundo año de la Universidad. Al llegar a la Colonia Yguazú (en la frontera con Brasil) hice varias averiguaciones para continuar mis estudios, pero allí no había universidad. Era necesario ir a la capital, Asunción, a una distancia de 4 horas de viaje. Entonces decidí regresar a mi país. Esta vez el reto era mayor. Allá no tenía casa, trabajo ni dinero y estaba en contra de la voluntad de mi padre. Tenía, sin embargo, la fuerza interna y la confianza plena en el Gohonzon de poder salir adelante. Junto con mi madre y tres hermanas comenzamos a hacer dai­moku las 24 horas durante una semana turnándonos cada dos horas. Posteriormente, logré comunicarme con el presidente de la compañía donde había trabajado anteriormente para ver si podía regresar a mi trabajo. Su respuesta fue: “Mary, como te dije antes de emigrar a Paraguay, aquí tienes una casa, trabajo para ti y tu hermana y como adelanto de tu sueldo te envío los pasajes de regreso a Santo Domingo”.

En febrero de 1980, junto con mi hermana mayor y con solo 45 dólares regresamos a mi país. Nos dirigimos directamente al Kaikan (Centro Cultural de la Soka Gakkai), dimos gracias al Gohonzon y determinamos comenzar otra etapa nuevamente. Vivimos en el cuarto de servicio de la casa de una amiga por espacio de un año. Parte de mi salario lo enviaba a mis dos hermanas que estaban en Paraguay. Ellas, gracias a las dificultades económicas, también se desarrollaron en la práctica de la fe. Yo retomé mis estudios en otra Universidad. En ese entonces las actividades de la SGI en mi país eran muy intensas, pues nos preparábamos para la primera visita del presidente Ikeda en 1981 y la realización del Primer Festival Cultural. No había tiempo que perder.

Trabajaba, estudiaba, era responsable de Área de la División Juvenil Femenina, participaba en las reuniones, en los ensayos para el festival. No tenía descanso pero tenía una energía increíble. Sin embargo, la visita de Sensei a República Dominicana no fue posible. A partir de ese entonces todos los miembros junto con nuestro director general, el Sr. Carlos Kimura, comenzamos a hacer daimoku todos los días lunes de 6:00 p.m. a 10:00 p.m. para hacer realidad la visita de Sensei a nuestro país. Como meta personal decidí terminar mi carrera universitaria.

Sin embargo, en marzo de 1986 la universidad donde cursaba mis estudios fue bruscamente intervenida por la fuerza militar del gobierno dominicano, provocando más tarde la clausura definitiva. En esa ocasión solo me faltaba una semana para concluir mis clases universitarias y preparar la tesis de grado. Desafortunadamente, en abril del mismo año, mi madre falleció en Paraguay a raíz de un accidente mientras se dirigía a una reunión. Esta fue experiencia extremadamente muy fuerte, pero me permitió fortalecerme mucho más. Mi meta era terminar mi carrera universitaria y recibir a Sensei con esta victoria. Tenía en mi interior la fuerza y la convicción de lograrlo.

Así, un grupo de estudiantes pedimos entrevista con el Presidente de la República. Sin embargo, se intensificaron las movilizaciones y protestas y no hubo solución. Fortalecí aun mas mi práctica budista y posteriormente nos reubicamos en otra universidad donde tuvimos que estudiar un año mas para poder graduarnos. Tuve que hacer mi tesis de grado 2 veces y una hora antes del examen de grado nos cambiaron el el aula a otro campus. Eso fue beneficioso por la poca asistencia de público. Obtuve 93 (A) y de mi promoción solo nos graduamos 4 personas. Para la visita de Sensei en Febrero del 1987, pude obtener el título de Contador Público Autorizado logrando asi mi meta.

Por otra parte, desde que abrace la fe en este budismo, siempre quise conocer a la Srta. Kashiwabara, pues mi padre y los miembros dominicanos pioneros siempre la mencionaban. También albergaba el sueño de visitar algún día la Universidad Soka. Pero antes de venir a Japón quería visitar la tumba de mi madre en Paraguay. Así que en 1989 viaje hasta allá y pude hacerlo realidad. En Octubre de 1990 vine a Japón por primera vez, participando en un curso de entrenamiento para jóvenes. En una actividad realizada en Nagoya, la Srta. Kashiwabara pidió ir a la mesa donde estábamos los miembros de República Dominicana. Allí tuve la buena fortuna de conocerla. Gracias a su información pude en 1991 ingresar al instituto de idioma japonés de la Universidad Soka (BEKKA). Posteriormente trabaje medio tiempo durante 4 años en la Escuela por correspondencia (Tsukyo) de la Universidad Soka. A finales del año 2000, se me solicito trabajar en el consulado dominicano en Miami, Florida, donde labore hasta el 2007.

En el año 2008 Gracias al esfuerzo de los miembros dominicanos tuve la buena fortuna de poder invitar al Sr. Cónsul de la Rep. Dom. con asiento en Japón y participar en la ceremonia de entrega del Doctorado Honoris Causa de la Universidad Autónoma de Santo Domingo otorgado al Presidente Ikeda. Desde entonces me encuentro laborando en la Oficina del Consulado Dominicano en Japón hasta la fecha marzo del 2015. Hoy puedo decir que desde que me inicie en esta práctica nunca he pensado en abandonarla y siento un agradecimiento muy profundo hacia SENSEI, a la SGI y a sus lideres, en especial a los de mi país, ya que gracias a ellos he podido construir una base sólida en mi vida. Una frase del Gosho “Respuesta a Kyo’O”, que siempre me ha acompañado y llevo en mi corazón, porque me llena de valor para enfrentar todos los obstáculos es la siguiente:

“UNA ESPADA ES INUTIL EN MANOS DE UN COBARDE. LA PODEROSA ESPADA DEL SUTRA DEL LOTO DEBE SER BLANDIDA POR ALGUIEN VALIENTE EN LA FE. QUIEN ASI LO HAGA SERA INVENCIBLE COMO UN DEMONIO ARMADO CON UNA VARA DE HIERRO. YO, NICHIREN, HE INSCRITO MI VIDA EN TINTA SUMI, POR ESO, CREA EN EL GOHONZON CON TODO SU CORAZON”.

 

Tribuna Dominicana

  • Publicación agosto 2017
    Editorial del Presidente de la SGI, Daisaku Ikeda: Una invencible convergencia dedicada al bien mayor.
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