Soy miembro de la SGI-RD desde septiembre de 1990 cuando mi madre recibi� Gohonzon. Para ese entonces yo ten�a 12 a�os. Desde ese d�a, todo lo vivido ha sido de experiencia en experiencia, buenas y otras no tan buenas. Pero lo m�s importante es haber tenido la llave de la soluci�n en mis manos: Nam-myoho-renge-kyo.
He obtenido muchos beneficios con la pr�ctica del budismo de Nichiren, como sobrepasar el divorcio de mis padres cuando era adolescente, superar la crisis financiera que sufr�a mi familia durante ese tiempo y la cual forz� a mi madre a emigrar a otro pa�s en busca de una mejor vida para nosotros; graduarme de bachillerato y luego en la universidad de Licenciatura en Derecho con buenas calificaciones. Conseguir un buen empleo. Participar en los entrenamientos culturales de Panam�, M�xico y para m�, el m�s importante, ir a Jap�n y encontrarme con mi maestro de vida, el presidente Ikeda.
Todo esto fue gracias al daimoku que entonaba, a las reuniones que participaba desde joven y el poder siempre asistir a las pr�cticas de la banda de m�sica (kotekitai), lo cual agradezco tanto, ya que se realiza un arduo trabajo para forjar l�deres y donde pude fortalecer mi fe. Tambi�n agradezco el empe�o que pon�a mi madre desde que �ramos peque�as para que mi hermana y yo asisti�ramos a las reuniones de gongyo de kosen-rufu, las reuniones de di�logo y a los grupos culturales.
Cualquiera pensar�a que todo ha sido f�cil en la trayectoria, pero no ha sido as�. En 2004 y 2005 mi vida cambi� totalmente. Luego de tener una relaci�n de noviazgo con muchas altas y bajas durante siete a�os, sal� embarazada. Fue una relaci�n que se manten�a inestable: un d�a bien, otro mal. Todo el mundo ve�a que no era una buena pareja para m�, era un muchacho mujeriego, no me daba el valor que me merec�a, hablaba muchas mentiras y viv�a en un mundo ficticio, aparentando ser lo que no era y d�ndose lujos que no pod�a; pero de �l me enamor�.
Las madres quieren lo mejor para sus hijas. Me imagino que muchas de ustedes se han encontrado en una situaci�n similar, donde a todas sus amigas no les gusta el muchacho con quien anda o que por el ojo cl�nico de nuestras madres nos aconsejan que no perdamos el tiempo con alguien que no tiene futuro... Esa era mi situaci�n.
Hac�a de la vista gorda a todo lo que me dec�an y segu�a tan enamorada de este muchacho. Al salir embarazada me vi sola, pues mi novio no quer�a el beb�, porque se sent�a aun inmaduro y no preparado para asumir esa responsabilidad. Imag�nense
Me llen� de valent�a y decid� seguir con mi embarazo el cual ten�a alto riesgo de aborto, pero cantaba muchas horas de daimoku por ese peque�ito embri�n que crec�a dentro de m� para que se fortaleciera y saliera a camino. Vinieron a mi mente las orientaciones del presidente Ikeda sobre el valor de la vida humana.
Enfrent� sola mi situaci�n: le inform� a mis padres, a mis compa�eros de trabajo, amistades y dem�s. Todos me apoyaron con sus oraciones y orientaciones. Todo marchaba bien hasta los seis meses del embarazo cuando detectaron que el beb� ven�a con una malformaci�n en su cabecita... Se me parti� el coraz�n, se me vino el mundo encima, me quer�a morir, me sent�a sola, sin una pareja que me apoyara. Pero ten�a el apoyo de mi madre que aunque estaba lejos, oraba por m� y se manten�a al tanto de las pruebas, de los an�lisis y de todos los pormenores del embarazo, al igual que mis familiares, mis amistades y los miembros Gakkai.
Me realizaron algunos estudios entre ellos la amniocentesis que es una prueba donde toman muestra del l�quido amni�tico que rodea el feto para examinarlo, esto para descartar o confirmar la presencia de ciertos defectos o trastornos cong�nitos. En los resultados no especificaba ning�n s�ndrome, sus cromosomas estaban bien. Fui a varios doctores buscando otras opiniones sobre mi caso. Unos dec�an que no pod�an decir con certeza la magnitud del problema hasta que naciera el beb�, otros me dec�an de una manera sutil que lo mejor era interrumpir el embarazo.
Mi decisi�n fue seguir luchando por mi beb� hasta el final
Al pasar el tiempo me preguntaba: �Por qu� a m�? �Por qu� a m�, si yo no le hab�a hecho da�o a nadie? �Por qu� a m�, que llevaba una firme y asidua pr�ctica budista, que entonaba daimoku y participaba en las reuniones? Me comparaba con mis amigas que no practicaban y que llevaban una vida aparentemente feliz, con hijos sanos y esposos buenos.
Pero ah� entend�, gracias a las orientaciones que me brindaban las encargadas de la Divisi�n de Damas, que era una situaci�n que cualquier persona quiz�s no tendr�a el valor de enfrentar; ese beb� necesitaba estar en mi vientre por mi valent�a, porque yo le dar�a la oportunidad de nacer y limpiar su karma, y porque la vida es, de por s�, infinitamente valiosa.
Tal como dice el Daishonin, hasta un solo d�a de vida vale m�s que una incalculable cantidad de piezas de oro o que todos los tesoros de un gran sistema planetario. Una sola jornada de vida tiene un valor imposible de calcular".
El 8 de junio nace Yael Andr�s con una craneocinostocis, es decir, una malformaci�n en su cabec�ta. Un beb� s�per especial que con tan solo d�as de nacido pas� por un sinn�mero de estudios y an�lisis para saber la raz�n de su malformaci�n. El neurocirujano suger�a operarle ya que por el defecto en los huesos de su cr�neo no hab�a espacio para el crecimiento de su cerebro, era como que su cerebrito estuviera encerrado en una cajita.
Mientras, yo disfrutaba de mi beb�, le daba todo el cari�o de una madre e invocaba daimoku por su salud, lo ve�a como un beb� normal que me entend�a cuando le hablaba, se sonre�a y me balbuceaba. Con el transcurso del tiempo comenzaron a darle ataques de deficiencia respiratoria, me volv� su enfermera en casa, lo oxigenaba y le daba masajitos en su coraz�n.
Cuando cumpli� tres meses y medio lo intervinieron quir�rgicamente, para que su cerebro tuviera espacio para crecer. Al cuarto d�a despu�s la cirug�a, el domingo 2 de octubre, falleci� tranquilamente. En ese momento tan dif�cil recib� un inmenso apoyo de los miembros y de mis amigas que oraban por m� y por Yael.
Comprend� la raz�n de su existencia, que era traer alegr�a a mi vida, hacerme una mejor persona, m�s paciente, m�s tolerante, m�s fuerte... A partir de ese momento vi la vida desde otro punto de vista y tengo la convicci�n de que mi ni�o querido pudo cambiar su karma, y cu�nto le debo a �l porque me ayud� a cambiar el m�o tambi�n.
Su vida para m� y para todos lo que vivieron conmigo esos momentos, fue un ejemplo de lucha y de perseverancia.
En enero del a�o siguiente me reencontr� con un viejo amigo, entre �l y yo fluyeron sentimientos escondidos que nos llev� a formalizar una relaci�n. Hoy tenemos el fruto de nuestro amor que es lan Jared. Un ni�o fuerte y sano, motivo de regocijo. Mi esposo me apoya en las reuniones y respeta mi pr�ctica budista, es una persona con grandes valores y sabe el verdadero significado de lo que es una familia.
Cada d�a agradezco al Gohonzon estos hermosos tesoros que han llegado a mi vida. Soy un vivo ejemplo del gosho que dice: "El invierno siempre se convierte en primavera". Tal como explica Sensei: "La fe en el Sutra del loto significa abrirnos paso con bravura a trav�s del invierno de la adversidad. Cuando enfrentamos la ardua tarea de transformar nuestro karma, podemos celebrar la llegada de la primavera, y construir un cimiento de buena fortuna y de felicidad en nuestra vida. Por lo tanto, no esquivemos la crudeza invernal. Si tenemos el valor de enfrentar los desaf�os del fr�o, podremos avanzar ilimitadamente hac�a la espl�ndida primavera que es el logro de la Budeidad y del kosen-rufu."
He comprendido que no existe una vida libre de problemas y son precisamente esos problemas los que nos ayudan a crecer. Mi determinaci�n es nunca dudar de la veracidad de esta pr�ctica y seguir luchando por la felicidad de mi familia y la de los dem�s, aplicando la frase que dice: "Haga surgir una profunda fe y lustre su espejo d�a y noche, con ah�nco y esmero. �De qu� manera lustrarlo? Tan s�lo entonando Nam-myoho-rengue-kyo."