Es natural que las oraciones se centren en sus propios deseos y sueños, si invocamos daimoku de una forma natural, sin reservas ni afectación, por lo que más ansiamos, con el tiempo iremos cultivando un estado de vida cada vez más amplio y noble. Somos libres de hacer daimoku por lo que queramos. Todo yace en nosotros. Hacer el gongyo y el daimoku no son obligaciones, sino un estupendo derecho que todos tenemos.