Las flores son coloridas y agradables a la vista, pero pronto se marchitan y duran poco. Desde el punto de vista budista, representan la transitoriedad de todo fenómeno (Ley de Impermanencia) y por lo tanto, son juzgadas inapropiadas como ofrendas al Buda eterno cuya enseñanza conduce a todas las personas a la iluminación "por diez mil años y más". Las plantas ofrecidas ante el eterno y supremo Gohonzon deben expresar las virtudes de la eternidad y la pureza: las ramas verdes, entonces, con su perpetua vitalidad, son más apropiadas. En Japón, se usa un arbusto de hojas verdes aromáticas llamado shikimi. Sin embargo, cualquier rama verde cumplirá este propósito.