4 de Septiembre
Cierto otoño, cuando estaba en quinto grado de primaria, nuestra casa fue azotada por un violento tifón. Mis hermanos mayores estaban ausentes debido a que habían sido reclutados por el ejército. De modo que los menores y yo estábamos cada vez más nerviosos y asustados. Pero, entonces, oímos la voz decidida de nuestro padre: “¡No hay por qué tener miedo!”. Con toda convicción, nuestra madre añadió: “¡Papá está en casa, no hay nada de qué preocuparse!”. De repente, sentimos un gran alivio: estábamos seguros.
Jamás olvidaré la escena que vivimos aquella noche.
Daisaku Ikeda